El productor Miguel Valdez sintiendo el aroma del Platense. Foto: Félix Busso.

El productor Miguel Valdez sintiendo el aroma del Platense. Foto: Félix Busso.

El Tomate Platense fue el único que se cultivó en La Plata durante muchas décadas hasta la llegada de los paquetes tecnológicos dependientes de insumos, adoptados a partir de fines de la década de 1980. En ese momento, el Platense comenzó a ser desplazado y sólo sobrevivió gracias a un grupo de quinteros que lo conservaron por tradición: por la memoria de sus padres y abuelos, y porque el Platense era el tomate que comían con su familia por su sabroso gusto.

En el año 1999, el ingeniero agrónomo y docente Juan José Garat junto a otros docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata se propusieron localizar lo que todavía quedaba de este cultivo.

La búsqueda de semillas entre productores familiares del cinturón hortícola de La Plata los llevó a conformar una red de aquellos que todavía cultivaban el tomate: eran unos quince, de los quinientos a mil que habían existido antes. Cultivaban para el autoconsumo o para vender el producto como tomate de mala calidad.

Allí empezó un trabajo de revalorización del cultivo, con el fin de consolidar la producción y que se pudiera conservar el cultivo original. El proyecto se ocupó de conectar a los productores, aportar contexto sobre el cultivo para revalorizar su trabajo, promover la difusión del cultivo para que se extendiera, y gestionar apoyos de organismos públicos.

Una de las actividades bandera del proyecto es la Fiesta del Tomate Platense, que se realiza en febrero de cada año desde 2005, y convoca a unas 12 mil personas en la localidad de Los Hornos.

El proyecto también trabaja con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de la Nación para crear un ‘sello de calidad’ que distinga al Tomate Platense producido en el cinturón verde de La Plata, con el fin de dar valor agregado al cultivo y que los consumidores puedan buscarlo y elegirlo.

“El paradigma dominante es el de la producción agropecuaria que sólo piensa en producir kilos con calidad sanitaria”, comenta Garat. “Nosotros creemos que hay otra forma de pensar la producción, que se expresa en una visión y en una idea de calidad mucho más amplia, que pondera los intangibles”.

En este sentido, más que sólamente al Tomate Platense, el proyecto busca rescatar una cultura de producir: una en la que se respeten la tierra y su diversidad, los materiales cultivados, y las familias que con mucho esfuerzo apuestan a seguir produciendo en la quinta.